En una nueva escalada de tensiones transatlánticas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado una dura crítica contra la OTAN, cuestionando la utilidad de la Alianza Atlántica y sugiriendo una posible ruptura definitiva. A través de sus redes sociales, el mandatario afirmó que la organización “no estuvo allí” en el momento de mayor necesidad para su país y vaticinó que “tampoco lo estará” si se vuelve a requerir su apoyo.
Estas declaraciones se producen tras una tensa reunión a puerta cerrada en la Casa Blanca con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El descontento de Trump radica principalmente en la falta de respaldo material de los aliados europeos durante la reciente ofensiva militar contra Irán, así como en la negativa de varios países a permitir el uso de sus bases aéreas para dicha operación.
“Un tigre de papel”
Trump no escatimó en calificativos, llegando a describir a la histórica alianza defensiva como un “tigre de papel”. Según fuentes cercanas a la administración, el presidente vincula esta “falta de lealtad” con otros conflictos diplomáticos recientes, incluyendo la fría recepción de Dinamarca y otros aliados a sus renovadas pretensiones sobre Groenlandia, territorio que calificó nuevamente como un “pedazo de hielo mal administrado”.
El freno del Congreso
A pesar de la retórica incendiaria y las amenazas de retirada, el presidente enfrenta obstáculos legales significativos. Una ley aprobada por el Congreso estadounidense en 2023 prohíbe a cualquier mandatario abandonar la OTAN sin la aprobación de dos tercios del Senado o una ley específica del legislativo, lo que actúa como un contrapeso a las intenciones de la Casa Blanca.
Reacción de la Alianza
Por su parte, Mark Rutte intentó rebajar el tono tras el encuentro, recordando que la “gran mayoría” de los socios europeos han sido aliados históricos y leales. Sin embargo, el ambiente en Bruselas es de máxima alerta, coincidiendo con el frágil alto el fuego de dos semanas pactado entre Washington y Teherán.




