Europa mira hacia China ante un escenario internacional adverso

En las salas del vasto Palacio del Pueblo, el ritual se repite con comitivas europeas de alto rango, grupos corporativos, apretones de manos y compromisos de beneficios recíprocos. La agenda del Viejo Continente hacia el dragón se intensifica. A cierre de 2025, desfilaron figuras como el monarca español Felipe VI o el mandatario galo, y en estos albores ya han pisado suelo oriental dirigentes británicos, irlandeses o finlandeses, con Berlín asomando en el horizonte.

El catalizador lleva firma estadounidense: Donald Trump. Su controvertido retorno ha restaurado una doctrina de impactos sorpresivos en el intercambio global, con advertencias de impuestos que alteran redes productivas. A ello se une un eco táctico que resuena como alerta de ambiciones sobre territorios árticos que reviven interrogantes sobre la alianza atlántica. En este entorno, ciertas administraciones europeas persiguen coberturas alternativas, aunque limitadas.

Desembarco en Pekín

Los líderes europeos desembarcan en Pekín con ritmo. Delegaciones cargadas de empresarios y promesas de alianzas prácticas marcan ahora un contraste con el recelo que dominaba apenas un par de años atrás. Micheál Martin, primer ministro irlandés, abrió la secuencia al reunirse con Xi Jinping para hablar de inyecciones financieras en campos como la inteligencia artificial, el ámbito digital, farmacéutica o sanidad. Semanas más tarde, Petteri Orpo, jefe del Ejecutivo finlandés, aterrizó en la capital acompañado por directivos de una veintena de firmas. En ambas ocasiones, las autoridades chinas reiteraron su mantra de apertura comercial, equilibrio global y defensa de un orden internacional compartido, urgiendo a cada nación a fortalecer los lazos bilaterales.

Estas incursiones reflejan una Europa que, lejos de encariñarse con el gigante asiático, explora opciones en un panorama geopolítico adverso. Las están realizando, además, de manera dispersa, país por país, en un enfoque que favorece las tácticas chinas. El episodio más simbólico lo protagonizó Emmanuel Macron en diciembre, con una estancia de tres jornadas en la metrópoli oriental.

Diálogos de alto calibre cubrieron aviación civil, energía atómica, sostenibilidad ambiental, alimentos procesados, innovación y avances biomédicos. El hilo conductor fue la independencia estratégica europea, invocada como escudo ante la imprevisibilidad de las relaciones con Washington. Sin embargo, la ausencia de Ursula von der Leyen en esas mesas redondas envió un aviso claro. China opta por canales directos con potencias clave cuando aspira a expandir su peso, y recurre a las estructuras unificadas solo para templar conflictos o proyectar armonía.

Otros movimientos refuerzan esta tendencia. Pekín prorrogó la dispensa de requisitos para entradas turísticas hasta finales de 2026, incorporando a Suecia en un esquema diseñado para revitalizar intercambios, transacciones y conexiones. Se trata de influencia sutil orientada al intercambio económico. Paralelamente, el titular de Comercio chino, Wang Wentao, advirtió a Helsinki durante la visita de Orpo contra el exceso de barreras normativas bajo pretexto de protección financiera. En resumen, se aceptan capitales foráneos, pero sin erigir fortalezas legislativas.

Este arranque dinámico, con pactos sellados y ejecutivos en acción, invita a revisar el trayecto previo para captar por qué esta evolución resulta abrupta y, a la vez, lógica.

El bloque de los 27 ha lidiado durante lustros con un equilibrio precario. Depende del mercado oriental para su base manufacturera, rivaliza en áreas que moldean la prosperidad venidera y mitiga amenazas derivadas de esa interconexión. En 2019, etiquetó al gigante asiático como aliado, adversario y oponente estructural. Tras la pandemia y el conflicto en Ucrania, el concepto de mitigación de riesgos suplió la idea de separación absoluta, priorizando recortes puntuales sobre rupturas drásticas. No obstante, las realidades financieras imponen ritmos y limitaciones inevitables.

Las elecciones de 2024

El viraje decisivo se produjo en 2024. Los comicios al Parlamento Europeo en junio generaron una asamblea más dividida, con formaciones ultraconservadoras fortalecidas, lo que entorpeció una postura unificada hacia el este. Casi en simultáneo, irrumpió la gran controversia en torno a los automóviles eléctricos. La Comisión impuso gravámenes temporales a importaciones chinas tras indagar ayudas estatales distorsionadoras, y en octubre los volvió permanentes por un lustro, con sobrecargos que alcanzaron el 35,3 % para ciertos productores, sumados al 10 % estándar.

El objetivo era resguardar la producción local. Pekín contraatacó con escrutinios sobre bienes vulnerables de varios socios, como licores—afectando principalmente a París—, porcino —impactando en Madrid, Ámsterdam, Copenhague y Berlín— y apoyos a derivados lácteos vía políticas agrícolas comunes o nacionales. No fue un gesto vacío. Apuntó a puntos sensibles para sembrar disensos internos.

En 2025, las interacciones evolucionaron por vías duales. Por un lado, endurecimiento en materia económica y defensiva con sanción cuantiosa a Tik Tok por fugas informativas; vetos a suministradores orientales en adquisiciones públicas de equipo sanitario; pesquisa sobre incentivos externos en la factoría de un fabricante automovilístico en territorio húngaro; y litigio ante la Organización Mundial del Comercio por cobros de derechos intelectuales en innovaciones cruciales.

Una aproximación pragmática

Por otro, se reactivaron puentes. China revocó castigos a representantes parlamentarios europeos, facilitando reencuentros legislativos tras un largo impasse. La cita bilateral de julio, coincidiendo con medio siglo de nexos, produjo un resultado previsible con imagen de cohesión, adhesión al pacto climático parisino y retórica de resolver discrepancias mediante conversaciones, sin desatar los enredos mercantiles subyacentes. El evento mismo delataba dinámicas, de un plan inicial amplio en la sede comunitaria a una sesión acotada en la urbe oriental, evidencia de cómo Pekín calibra visibilidad.

Este fondo ilumina el flujo actual de estas misiones. No implica una mutación ideológica, sino una adaptación pragmática. Se aproximan al este en busca de salidas comerciales, flujos financieros y certidumbre en un orbe cada vez más aislacionista. Al tiempo, se resguardan contra oleadas competitivas y ataduras que podrían derivar en presiones.

 

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